Como se planteaba la cosa..
Claro, al principio todo el mundo te dice "Segundo de bachillerato???? Eso es muy dificil!!" y tu ya vas acojonado al primer día de clase. Pero los amigos, el verano que para muchos no se nos acaba hasta finales de octubre, y (me atrevería a decir) la ilusión, hacen de todo algo mucho más potable. Hay que tener en cuenta que después de tres meses, casi cuatro, haciendo el vago y levantándote a las 3, que un extraño y ruidoso aparato te fastidie a mitad de un sueño (en el que salía una tía buenísima que seguramente no volverás a ver en tu desgraciada vida) pues como que no te sienta muy bien.
Asique, con esto y con todo, cojo mi mochila del año anterior, que si no la cambio es porque no se rompe, acompañado de un ejército de legañas que te corroe los ojos, y llego al colegio... tarde, empezamos bien. Pero menos mal que los amigos te han reservado un sitio (gracias tios!! por ahorrarme 9 meses con el marginado de la clase) y aunque este año no te ha tocado un buen sitio para copiar, por lo menos tienes con quien hablar. Y no sé por qué, pero todos los años se tiene la ilusión de que el primer día nunca se hace nada. La triste realidad derrumba esa ilusión cuando a los cinco minutos llega el de mates... Un profesor nuevo para mí, no está mal variar un poco, ¿no? Parece un tío simpaticón, con unos mofletillos que hacen gracia cuando se ríe, y una pinta de ir de amigo de la gente que no puede con ella (al cabo de unos meses descubrimos que era realmente un tio majo donde los haya). Y se presenta ante la clase y aprovecha para contarte su vida. Y mientras te va soltando su rollo te planteas.. "¿cómo un quimico acaba dando clases de mates en un colegio como este...?" y la respuesta, tan absurda como la pregunta, viene enseguida; "claro que siendo quimicos la mitad del profesorado, a alguno le tenía que tocar 'la joya' del entretenimiento". Pero de repente algo pasa, algunas cabezas se están volviendo hacia tí y te das cuenta de que el profesor se te queda mirando como espectativo. En ese momento en el que bajas a la tierra a mil por hora es cuando te das cuenta de que te ha preguntado algo y no sabes como pasar el trago: si respondiendo el típico "eso es con el teorema de pitágoras", o el recurrido "pueeeees.. no lo se". Y decides que mejor de ignorante que de listillo (por si acaso fallas), lo que provoca una enorme carcajada general. Y el profesor te repite la pregunta: "Te había preguntado que cómo te llamas" ¬¬ ...Vaya... Genial... Hasta final de curso seré el sin-nombre, y de momento sin cara también porque se me cae de pura vergüenza. Y así la primera clase pasa que casi ni te enteras. Y entre que te dan los libros, los recreos y que los profesores tampoco quieren dar clase (aunque algunos lo disimulan muy bien, e incluso amplian con unos deberes para casa), la mañana ya es cosa del pasado. Y tres horas después ya estás volviendo a casa intentando hacerte a la idea de que así será tu horario todos los días durante muuuucho muuuucho tiempo, tanto que ni quieres pensar en ello.
Y así fue más o menos mi primera aventurilla del curso. Lo recuerdo como si fuese.. el primer día de mi último curso en el colegio. Ya queda algo lejos, pero lo de "último curso" sigue pesando mucho en mis oídos.
Asique, con esto y con todo, cojo mi mochila del año anterior, que si no la cambio es porque no se rompe, acompañado de un ejército de legañas que te corroe los ojos, y llego al colegio... tarde, empezamos bien. Pero menos mal que los amigos te han reservado un sitio (gracias tios!! por ahorrarme 9 meses con el marginado de la clase) y aunque este año no te ha tocado un buen sitio para copiar, por lo menos tienes con quien hablar. Y no sé por qué, pero todos los años se tiene la ilusión de que el primer día nunca se hace nada. La triste realidad derrumba esa ilusión cuando a los cinco minutos llega el de mates... Un profesor nuevo para mí, no está mal variar un poco, ¿no? Parece un tío simpaticón, con unos mofletillos que hacen gracia cuando se ríe, y una pinta de ir de amigo de la gente que no puede con ella (al cabo de unos meses descubrimos que era realmente un tio majo donde los haya). Y se presenta ante la clase y aprovecha para contarte su vida. Y mientras te va soltando su rollo te planteas.. "¿cómo un quimico acaba dando clases de mates en un colegio como este...?" y la respuesta, tan absurda como la pregunta, viene enseguida; "claro que siendo quimicos la mitad del profesorado, a alguno le tenía que tocar 'la joya' del entretenimiento". Pero de repente algo pasa, algunas cabezas se están volviendo hacia tí y te das cuenta de que el profesor se te queda mirando como espectativo. En ese momento en el que bajas a la tierra a mil por hora es cuando te das cuenta de que te ha preguntado algo y no sabes como pasar el trago: si respondiendo el típico "eso es con el teorema de pitágoras", o el recurrido "pueeeees.. no lo se". Y decides que mejor de ignorante que de listillo (por si acaso fallas), lo que provoca una enorme carcajada general. Y el profesor te repite la pregunta: "Te había preguntado que cómo te llamas" ¬¬ ...Vaya... Genial... Hasta final de curso seré el sin-nombre, y de momento sin cara también porque se me cae de pura vergüenza. Y así la primera clase pasa que casi ni te enteras. Y entre que te dan los libros, los recreos y que los profesores tampoco quieren dar clase (aunque algunos lo disimulan muy bien, e incluso amplian con unos deberes para casa), la mañana ya es cosa del pasado. Y tres horas después ya estás volviendo a casa intentando hacerte a la idea de que así será tu horario todos los días durante muuuucho muuuucho tiempo, tanto que ni quieres pensar en ello.
Y así fue más o menos mi primera aventurilla del curso. Lo recuerdo como si fuese.. el primer día de mi último curso en el colegio. Ya queda algo lejos, pero lo de "último curso" sigue pesando mucho en mis oídos.
